La Policía Civil del estado de San Pablo (Brasil) descubrió el cuerpo sin vida de María Clara Aguirre Lisboa, una niña de apenas cinco años, enterrada en el patio de su vivienda en Itapetininga y cubierta con cemento.
Las autoridades confirmaron que la menor fue asesinada por su madre, Luiza Aguirre Barbosa da Silva, y su padrastro, Rodrigo Ribeiro Machado, quienes confesaron el crimen tras ser detenidos.
El hallazgo se produjo este martes, luego de una investigación iniciada a partir de la denuncia de la abuela paterna, Vanderleia Monteiro do Amaral, quien había alertado sobre la desaparición de la niña ante los Servicios de Protección Infantil.
Durante las primeras diligencias, el caso se trató como una posible desaparición, hasta que los investigadores descubrieron indicios de homicidio y acudieron al domicilio familiar, donde hallaron el cuerpo enterrado en una fosa poco profunda.
El comisario Franco Augusto, a cargo del caso, explicó que el cuerpo llevaba enterrado unos 20 días, lo que indica que la niña habría sido asesinada a finales de septiembre y enterrada dos días después.
La autopsia reveló que María Clara presentaba múltiples lesiones provocadas por un objeto contundente, posiblemente una herramienta metálica. En la vivienda, los agentes incautaron una remachadora con manchas de sangre, presuntamente utilizada durante la agresión.
Según testimonios recogidos por la policía, la niña era víctima constante de maltrato. Su abuela relató que cada vez que la pequeña la visitaba, presentaba moretones en los brazos y piernas, aunque su madre y el padrastro intentaban justificar las heridas como caídas accidentales. “Cada vez que venía a casa, traía golpes. Decía que se había caído, pero yo sabía que no era cierto”, declaró con dolor la abuela a medios locales.
Durante la investigación, los agentes accedieron a un audio enviado por Rodrigo al padre biológico de la niña, en el que el hombre afirmaba con frialdad: “Tu hija está muerta. No existe más. No tienes más vínculo con Luiza ni con nadie. Deja de molestar”. Este mensaje fue determinante para que la Policía Civil solicitara las órdenes de captura.
Tras su detención, Luiza y Rodrigo confesaron haber cometido el crimen, asegurando que la niña “les perturbaba la vida” y que descargaron su ira contra ella. Ambos enfrentan cargos por homicidio agravado y ocultamiento de cadáver. El martes 15 de octubre, un tribunal confirmó la prisión preventiva de los acusados: la madre fue trasladada a la cárcel de Votorantim y el padrastro a la de Capão Bonito.
La División de Investigaciones Generales (DIG) de Itapetininga continúa adelantando las pericias junto al Instituto de Criminalística y el Instituto Médico Legal, con el objetivo de reconstruir la secuencia exacta de los hechos y determinar responsabilidades adicionales, ya que los padres de Rodrigo también residían en la casa donde fue encontrado el cuerpo.







