Aunque el concepto técnico inicial recomienda la demolición del mirador y de la Casa del Artesano de Filandia, la administración municipal decidió aplazar la firma de la resolución mientras se realiza un estudio más profundo que permita determinar si aún existe la posibilidad de conservar estas estructuras afectadas.
Cuando parecía inminente la demolición del mirador de Filandia y de la Casa del Artesano, el alcalde Duberney Pareja anunció que la decisión definitiva aún no está tomada. Aunque los conceptos técnicos y profesionales conocidos hasta el momento orientan hacia la demolición de ambas infraestructuras, la administración municipal busca agotar todas las alternativas antes de ejecutar esa medida.
Según explicó el mandatario, la Alcaldía ya tiene lista la resolución que autorizaría la demolición. Sin embargo, decidió no firmarla por ahora tras establecer contacto con una persona que participó en la construcción original del mirador y que cuenta con experiencia en restauración de este tipo de estructuras.
El especialista llegará al municipio acompañado de un ingeniero estructural para realizar una evaluación más detallada del estado de las edificaciones. La intención es contar con un análisis especializado que permita determinar con mayor precisión si existe alguna posibilidad técnica de conservarlas o recuperarlas.
Pareja señaló que, después de la emergencia registrada recientemente, la responsabilidad de la administración es actuar con prudencia y respaldar cualquier decisión con estudios rigurosos. Por ello, se adelantará una nueva revisión cuyo costo podría rondar los 70 millones de pesos, una inversión significativa para un municipio que enfrenta dificultades económicas y afectaciones en su infraestructura turística.
El alcalde también reveló que ya existen posibles fuentes de financiación para una eventual reconstrucción en caso de que la demolición resulte inevitable. Entre las alternativas mencionó el apoyo del Ministerio de las Culturas, recursos provenientes de pólizas, posibles esquemas de cofinanciación con la Gobernación del Quindío y el Gobierno Nacional, así como gestiones ante Fontur para infraestructura turística.
A estas opciones se suma el interés manifestado por empresarios privados, quienes habrían planteado mecanismos como las obras por impuestos para respaldar futuros proyectos. Mientras se conoce el resultado de los nuevos estudios, la administración mantiene como prioridad intentar salvar las estructuras existentes y, de no ser posible, avanzar hacia una reconstrucción que permita preservar uno de los principales símbolos turísticos de Filandia.






