Pijao aún no logra comprender cómo Mario Gallón Toro, abogado penalista, exfuncionario público y figura respetada del pueblo, terminó viviendo sus últimas horas en medio del abandono y la indiferencia. El hombre de 69 años murió el domingo 7 de diciembre, después de un episodio que ha dejado indignación, dolor y un profundo cuestionamiento a la humanidad de quienes lo vieron caer… y no lo ayudaron.
La tarde del sábado 6 de diciembre avanzaba tranquila cuando Mario caminaba por los alrededores del parque principal. Un tropiezo, un mal paso, bastó para que su cuerpo se precipitara contra la vitrina de un café-bar. El golpe no parecía grave, pero lo que vino después fue lo realmente devastador.
Según testigos, lejos de auxiliarlo, varias personas del establecimiento lo sacaron a empujones, con brusquedad, como si su presencia incomodara. Su cuerpo terminó sobre el pavimento. Aturdido y herido, Mario no logró levantarse. Otros ciudadanos, en vez de atenderlo, simplemente lo movieron para dejarlo sentado en una banca, como si solo estorbara.
Y allí quedó. Solo. Herido. Durante horas.
Pasada la noche, una exconcejala que lo vio inmóvil sintió que algo no estaba bien. Buscó ayuda del inspector y luego de la Policía, que trasladó al abogado en una motocicleta hasta su casa. Sus familiares, creyendo que estaba ebrio, lo acostaron para que descansara. Fue solo al amanecer, al ver que no reaccionaba, cuando se activó la emergencia: ambulancia, hospital local, remisión urgente a Armenia.
Pero ya era tarde. Mario Gallón Toro presentaba lesiones graves en la cabeza y rostro. Los médicos lucharon por su vida, pero finalmente confirmaron su muerte cerebral, certificando su deceso cerca de la medianoche del domingo.
La noticia cayó como un balde de agua fría sobre el municipio que lo vio nacer. Mario no era un desconocido: fue Personero Municipal, Secretario de Gobierno, Tesorero y hasta alcalde encargado. Un hombre que dedicó su vida al servicio público terminó sus últimos instantes enfrentando la peor expresión de deshumanización.
Tras su fallecimiento, el CTI realizó la inspección técnica al cadáver y trasladó su cuerpo a Medicina Legal en Pereira, donde los peritos deberán establecer con precisión qué causó su muerte. Mientras tanto, los investigadores indagan responsabilidades y posibles delitos por omisión de auxilio o maltrato.
En Pijao, la indignación crece. La gente se pregunta cómo un hombre tan querido pudo ser tratado con tal frialdad. Cómo nadie fue capaz de detener la caída más dura que sufrió Mario: la del olvido, la indiferencia y la falta de compasión.
Hoy, la comunidad llora a un líder. Y exige justicia para una muerte que nunca debió ocurrir así.







