Inicio Sociedad Andrés de Jesús Mira, una de las vidas que el túnel arrebató

Andrés de Jesús Mira, una de las vidas que el túnel arrebató

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El pasado viernes 4 de septiembre, mientras el país celebraba la apertura del Túnel de la Línea, los jeeperos daban vueltas en sus vehículos y los trovadores dedicaban versos al presidente y a los trabajadores como homenaje a la culminación de esta obra tan esperada; las personas desde sus casas observaban a través de los diferentes medios de comunicación la inauguración de esta imponente obra de ingeniería, la mayoría ansiosos, felices, agradecidos, excepto por la familia Mira Velásquez, quien el túnel les arrebató hace 8 años un ser amado.


Andrés de Jesús Mira Velásquez era un electricista que murió el 4 de marzo del 2012 tras ser arrollado por una máquina transportadora, mientras realizaba actividades de electricidad en la vía de ingreso al túnel. Andrés trabajaba en la Hidroeléctrica de Sogamoso en el departamento de Santander pero como sus familiares vivían en Montenegro, empezó a trabajar en el túnel, para estar más cerca de ellos. Cuatro meses antes de su muerte, tuvo un accidente donde perdió parte de su dedo pulgar derecho. Tres meses estuvo recuperándose y hacía aproximadamente una semana que había iniciado su trabajo normal cuando ocurrió el accidente fatal.

Andrés de Jesús Mira en compañía de sus padres

Andrés era el menor de 12 hijos fruto del matrimonio de José de Jesús Mira Giraldo y María Nelly Velásquez de Mira. “No voy a decir que era perfecto, tendría sus fallas como persona, pero como hermano e hijo lo era” dice María, su hermana mayor. “Chito” como cariñosamente le decían era el hijo mimado que le llevaba siempre las ideas a sus padres, fue el último en salir del lado de ellos y aunque vivieran en el mismo pueblo, todos los días los visitaba o los llamada.

Era la mano derecha de sus hermanos que vivían fuera del país, les manejaba los ahorros que enviaban y en un cuaderno azul tenía toda la contabilidad donde escribía los ingresos y egresos de cada uno de ellos. “Anotaba todo lo que le gastaba a cada uno más lo que él gastaba, como 500 de arepas o 200 de cilantro. Todo lo anotaba”, cuenta su hermana.

Andrés era un hombre callado, descomplicado, trabajador, “le hacía de todo lo que usted necesitaba, hasta pegar un botón”. Como amigo y vecino fue muy colaborador, siempre estaba disponible para todo y le gustaba ayudar a los demás. Tenía un gran corazón. Terminó sus estudios de bachillerato y técnico electricista en el SENA, ambos en la nocturna.

A punta de sudor construyó una casa en el pueblo (Montenegro). Las ventanas las hizo con las cuchillas de la guadaña y el piso con trozos de baldosas. La casa estaba muy adelantada cuando falleció. “Para mis padres fue horrible, mi madre aún no lo supera. A todas las visitas les habla de él, saca sus fotos y se las enseña. Mi padre murió de 108 años el 26 de diciembre, creo que tampoco lo superó. Andrés era su compañía y la mano derecha de ellos y de nosotros” continúa su hermana.

El hecho fatal sucedió el 4 de marzo a las dos de la tarde del 2012. Sus familiares se enteraron a las cinco. Andrés era transportado en una canastilla de una grúa cuando ésta al parecer presentó una falla en el sistema de frenos provocando que el maquinista perdiera el control de la misma. Instante en el que Andrés cayó y fue alcanzado por una de las llantas del automotor lo que le ocasionó heridas que le generaron su deceso de forma instantánea.

José de Jesús Mira y María Nelly Velásquez de Mira.

“Al velorio fue un compañero que lo estimaba mucho y dijo que los habían sacado a todos y les habían dicho lo que debían decir si les preguntaban. Creo que fue en el primer túnel de Calarcá hacia allá, pero como todo estaba cerrado ni idea. Decían que había un vídeo pero nunca lo vimos. Siempre quedará la duda de dónde fue el sitio exacto donde murió para colocar una lápida”, finaliza su hermana María.

La familia Mira Velásquez denunció al estado por perjuicio moral, pero tanto él como el Invías, con tantos contratistas que tuvo la construcción del Túnel, se tiran la pelota. Aún esperan ser indemnizados para poder construirle la casa a sus padres, como era el deseo de Andrés de Jesús, “Chito” como le decían de cariño.