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El barrio Uribe nombrado así en homenaje al general Rafael Uribe Uribe y que está ubicado a unas cuantas cuadras del centro de Armenia, fue catalogado como el segundo barrio más afectado por el terremoto del 25 de enero de 1999 después de la Brasilia. Después de 16 años todavía tiene lotes baldíos y casas a medio construir.
Entre cientos de historias hallamos la del maestro Tobías Bastidas quien habitaba en una casa esquinera a todo el frente del Parque. “me encontraba en el taller que quedaba a un par de cuadras de mi casa, y recuerdo que estaba revisando un libro de partituras cuando empezó el movimiento telúrico, solo pensé en mi esposa e hija de 5 años, a quienes había dejado en casa viendo el afamado programa Padres e Hijos mientras descansaban en la cama. Mientras la tierra se movía más corría con la esperanza de llegar y encontrarlas con vida“
El maestro Bastidas con gran nostalgia nos relató su eterno viaje desde el taller hasta su casa, tiempo en el que solo escuchaba el estruendo de las estructuras caer y los gritos desesperados de los habitantes del sector ante el inclemente rugido de la tierra. Cuando llegó, observó que una pared había caído justo encima de la cama. Pensó lo peor, pero volvió a respirar cuando vio a su esposa e hija, quienes ante el movimiento telúrico se levantaron de la cama y se pusieron a salvo. Suerte con la que no contaron decenas de habitantes del sector.
Con dolor Don Tobías expresa el sentimiento de impotencia que le embargó al mirar a su alrededor, especialmente al ver la escena de un hombre con su hija de dos años en brazos y gritando a viva voz por un médico, la pequeña aun respiraba, pero luego de un par de minutos dejó de hacerlo ante la mirada atónita de muchos, entre ellas la del maestro Bastidas. Esa mirada estupefacta que acompañaría a muchos a medida que pasaba el tiempo y que las circunstancias, el miedo y el dolor se encargarían de reforzarlas y de guardarlas en su memoria.
El famoso “Cuadro Rojo” ubicado en el Parque Uribe se encargaría de recordarles el paso inclemente del terremoto. Decenas de cadáveres eran extendidos en él aguardando la llegada de unos camperos que los trasladarían hasta la morgue improvisada de la Universidad del Quindío.
Pasada la 1 de la madrugada la tierra se volvió a mover y el maestro sintió miedo, físico miedo al mirar a su alrededor y saber que ya no tenía casa ni taller, que las condiciones ahí y por fuera de su barrio, eran aun peor. Solo Dios y su familia le dieron la fuerza para ver con los ojos de la fe, y saber que había un futuro mejor, y que hoy puede ver cumplido después de 16 años.
por: Quindío Noticias







