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Luis Yánez volvió a casa, como buen hijo

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El delantero samario ya está listo para su debut oficial con Atlético Bucaramanga.

A pesar de haberse criado en esa ciudad desde los cinco años, el samario nunca había jugado para el club, que este domingo visitará a Cortuluá por la quinta fecha de la segunda división.

 

Eran las épocas del tiempo libre y la holgazanería. Recién graduado del colegio Agustiniano de Bucaramanga, Luis Yánez discutía con sus papás si estudiar una licenciatura en educación física o informática. Por esos días, un amigo del barrio lo interrumpió cuando veía un programa de televisión y lo informó de una convocatoria hecha por Arnoldo Iguarán (exjugador de Millonarios). El papá de su amigo había leído el anuncio en Vanguardia Liberal y lo animó. Le dijo que era cerca —en el estadio de Floridablanca—, que era el domingo, que entonces no habría excusa. “Si hubiese sido entre semana, tal vez me hubiera dado pereza ir. Pero vea, qué coincidencia. Todo se juntó”, recuerda Yánez, que luego de acceder entre tantos aspirantes, junto a su amigo y cómplice, se fue a Bogotá a probarse con Chicó.

Viajó sin demasiadas expectativas, pero logró pasar a la prueba final, ya no junto a su amigo, cuyo peso no era el indicado para un defensor central (“acá entre nos, era un poquito gordito”, dice entre risas Yánez). Una vez adentro, se encontró de frente con la rudeza de Eduardo Pimentel, que al verlo recomendó de golpe que le obedeciera, que de esa forma “me iba a poner a valer en el fútbol. Entonces decidí creerle y desde ahí él se convirtió como en mi papá, al igual que Miguel Augusto Prince”. Su primer hogar en Bogotá fue una pensión en la que operaba una panadería en el primer piso y una docena de dormitorios en el segundo. Ahí empezó su historia.

Lo curioso es que el fútbol siempre lo alejó de Bucaramanga. Su acento santandereano marcado no significa, de ninguna manera, que haya jugado alguna vez en el equipo de esa ciudad, a la que llegó de cinco años cuando a su padre, que trabajaba en Bavaria, lo trasladaron desde Santa Marta. Si bien no olvida cuando jugaba fútbol descalzo en la playa, en frente de la casa de su abuelo en Gaira; si bien mantuvo costumbres culturales de su ciudad natal, Luis Yánez se considera bumangués. Es un híbrido de culturas: por un tiempo se contagió del acento bogotano (militó además en Santa Fe 2005-2007 y Equidad, en 2011) y también vivió en Francia mientras jugó en Lille (2007-2008). Pero entre sus pendientes siempre guardó un lugar para el Atlético Bucaramanga.

En las vacaciones pasadas, luego de rescindir su contrato con Zamora de Venezuela, se volvió a radicar en Bucaramanga con su esposa y dos hijos y pidió que lo dejaran entrenar con el equipo que dirige, justamente, Miguel Augusto Prince, su primer técnico como profesional. “Esta es una ciudad maravillosa, de mucho progreso. Acá tengo amigos, mis papás viven aquí. Eran muchas razones que me ataban”, dice el delantero de 30 años, orgulloso de su vinculación. “Además, ahora hay un proyecto con dirigentes serios. Este equipo nunca debió haber dejado la primera división, y creo que este año retornará”.

Fuente: El Espectador